Pacientes y Visitantes

Derechos del paciente terminal

Hay que tener en cuenta que la muerte es la transición más grande, a veces, temida y dura, de la vida; el paciente moribundo, se encuentra muchas veces desinformado, inseguro, angustiado, deprimido, desesperanzado, adolorido y con múltiples síntomas, según su enfermedad.
Estas experiencias al final de la existencia por lo general son menos reconocidas y tratadas. Lo esencial es comprender que el enfermo terminal se halla en una situación especialmente vulnerable, que se necesita toda la humanidad y compasión para aliviarle estos momentos, y permitirle aceptar con más resignación el final de su vida, como un hecho ineludible.

El paciente tiene derecho a:

  • Mantener hasta el final de sus días la misma dignidad y autonomía a las que ha tenido derecho en la vida.
  • Obtener información veraz, franca y completa acerca de su diagnóstico, opciones de tratamiento y pronóstico.
  • Ser atendido por profesionales sensibles a sus necesidades y temores en su proceso de aproximación a la muerte, pero competentes en su campo y seguros de lo que hacen.
  • Ser el eje principal de las decisiones que se tomen en la etapa final de su vida.
  • Que no se le prolongue el sufrimiento indefinidamente, ni se apliquen medidas extremas y heroicas para sostener sus funciones vitales.
  • Obtener alivio efectivo de su dolor y de sus síntomas, aun si los medicamentos o medidas requeridas para ello le redujeran el tiempo de vida restante.
  • Que las necesidades y temores de sus seres queridos sean tenidos en cuenta antes y después de su muerte.
  • Recibir asistencia espiritual siempre que lo solicite y a que le sean respetadas sus creencias religiosas, cualesquiera que sean.
  • Conocer y recibir explicaciones sobre los costos de los servicios recibidos. En situación de urgencia, se le debe atender sin exigir pago previo.
  • Conocer y recibir explicaciones sobre los costos de los servicios recibidos. En situación de urgencia, se le debe atender sin exigir pago previo.
  • Morir con dignidad, tan confortable y apaciblemente como sea posible.