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Dificultades respiratorias por humo o inhalaciones tóxicas

En un incendio es habitual que se desprendan grandes cantidades de humo que pueden provocar disnea o la asfixia de las personas que lo inhalen. Tanto si hemos de realizar nuestra labor en un incendio como si hemos de rescatar a una víctima, tomaremos primero unas simples medidas de autoprotección:
  • Si existen puertas, debemos calarlas para que permanezcan abiertas.
  • Activar los cortacorrientes para impedir el riesgo de electrocución.
  • Penetrar en la zona protegiendo la boca y nariz con un pañuelo triangular húmedo.
  • Prevenir explosiones o derrumbamientos.
  • Las personas que intervengan en el rescate deberán formar una cadena en los puntos estratégicos.
  • Retirar a las víctimas cogiéndolas por debajo de los brazos.
Otra causa frecuente de asfixia es la producida por el monóxido de carbono emanado por  la deficiente combustión o por la combustión de motores de explosión en locales cerrados.
Otra causa puede ser las emanaciones de gas (el gas doméstico lleva añadido un producto que provoca un fuerte y característico olor con el fin de detectar alguna fuga). 
Todos estos envenenamientos van produciendo un sueño lento que, de persistir, provocará la muerte. Aplicar los mismos cuidados descritos para las intoxicaciones por humo.
Una vez rescatada la víctima que ha sufrido intoxicación por humo o inhalación tóxica debemos:
  • Situarla en un lugar alejado de peligro donde pueda respirar aire fresco.
  • Controlar las constantes vitales.
  • Asegurar la permeabilidad de las vías aéreas.
  • Si no respira, realizaremos la respiración artificial (RCP).
  • Si permanece inconsciente o ha respirado sustancias tóxicas, trasladar urgente a un centro asistencial.
  • Reevaluar periódicamente y mantener el calor corporal.